Asuntos olímpicos
No entendía nada, así que me disculpé con Alfredo y le expliqué que, en contra de mis deseos, no iba a poder ser, ya que tenía unos compromisos ineludibles que atender fuera de la ciudad. Pero como Luisa me dijo que no había nada que entender y que le parecía determinante que le cerrara de ese la puerta a un compañero de la mili del que tanto y tanto le había hablado, acabé llamando a Alfredo para informarle que me había confundido con el calendario y que sería un placer y un honor que nos visitara. Me atendió la madre y la cosa daba mala espina, pero no había marcha atrás. Alfredo, que venía a la ciudad por asuntos olímpicos –según el mismo definió-, llegó a media mañana, aunque se había anunciado para la tarde.
La Barcelona olímpica corre el riesgo de enloquecernos a todos, dije, pensando que mi reflexión soltaría la lengua de Alfredo, ero mi antiguo compañero de inventarias en Jaca año 1963, cambió rápido de tema:
- Ahora todo se mueve de un modo transversal, pero hay tanta gente que no se da cuenta, que ocurrirá que todo será aún más transversal. Ya lo verás.
Luisa quedó con su amiga imaginaria para que pudiéramos estar tranquilos con Alfredo. Me recorrió un sudor frío al que ahora ya le puedo poner nombre: intuición. Supongo que sí que era Alfredo, porque explicaba anécdotas de la mili, si no, no hubiéramos sabido ni de qué hablar. Bebimos anís y nos quedamos los dos dormidos en el sofá. Yo soñé que Alfredo trabajaba debajo de un disfraz de Cobi y cuando desperté lo encontré deshaciendo la bolsa. Fui cordial y triste. Le ofrecí gastos pagados en el hotel de los padres de una compañera de Mikhael, pero él ya estaba estirando camisetas sobre la cama de la habitación de invitados.
Su hermana enfermó, y Luisa estuvo con ella. Alfredo sacude la alfombra por la ventana y yo creo que me he olvidado de pestañear. Así pasan las semanas, mientras el espíritu olímpico lo impregna todo. No hay forma de escapar.
Cortarse la literatura a la moda
Aceptáis conclusiones. Premisas o supuestos convertidos, por vosotros, por arte de magia, en desenlaces inevitables. Y no sólo eso, es que además están vuestras luchas intestinas porque esas premisas o supuestos se conviertan –en virtud a sospechosos mecanismos de retroalimentación- en verdades que se resistirán al paso de los años. Pero no: esas anécdotas nunca serán historia. Lo parecerán: ese será vuestro triste consuelo. Así os iréis a dormir, aunque por la mañana el dinosaurio ya no estará allí.
Si os atrevierais a cortar la realidad por distintos ángulos, tendríais ciertas revelaciones, pero eso no os interesa. Eso sería demasiado. Acatáis lo que viene. Llámese o dígase. Luego regaláis vuestra inteligencia en hacer creer que esa es vuestra elección. Por eso parecéis niños, aunque dobléis espejos por la mitad. Gozáis de manga ancha, así pensaron vuestra sumisión, mis queridos enfermos. Y ya está, que cada uno trace su línea. El día ha sido largo. Y mañana espera con la lección bien aprendida.
Usted
Mi definición de altura
La luz se quede en casa
Soy un ignorante:
me alegro con gobiernos que recuperan la gestión de sus recursos o servicios esenciales.







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